Ensayo: El ADN de una sociedad industrial

 

 “Más que reprimir nuestros deseos primarios, nuestra cultura material parece interesada en satisfacerlos” (Sudjic, 2008, P.) A partir de esta premisa como muchas otras del mismo tono, Sudjic que es director del Design Museum de Londres, una de las instituciones más emblemáticas en el campo del diseño, desarrolla la idea de un libro que se basa principalmente en cómo el diseño, la producción y la utilidad son parte primordial de la historia de un objeto, de igual manera  “hace un llamado de atención contra los excesos consumistas y un estudio sobre si usamos lo que compramos o si lo que compramos nos está usando a nosotros”. (Anonimo. (2009). Diseño: Deyan Sudjic y El Lenguaje de las cosas, de arquitectura de calle Sitio web: Diseño: Deyan Sudjic y El Lenguaje de las cosas)

Desde esta perspectiva,  se debe observar,  cómo los objetos llegan a ser un lenguaje que tanto explicita como implícitamente, nos lleva a darnos cuenta que aquello que poseemos de una u otra manera nos define. Son el diseño y la moda,  elementos esenciales, que promueven múltiples emociones y experiencias  en el individuo, que desde temprana edad lo llevan a un hábito de consumo constante e innecesario.

Es preciso identificar las diversas formas en que el diseño es parte  importante de las respuestas emocionales que generamos en diversos momentos, y la intencionalidad de estas emociones en el entorno actual. Es por ello que es necesario volver a citar al autor, que  afirma “somos una generación nacida para consumir” (Sudjic,2008,P.)  Complementando lo que este dice, es cierto que al nacer, como individuos  llegamos a una sociedad estandarizada,  donde como dice Lacan (-) “nos vemos permeados desde pequeños por los símbolos que están inmersos en un sistema”, en este caso el capitalista. Así pues desde niños reconocemos que son los objetos, lo que en un  momento dado nos generaron un recuerdo y una emoción. Al crecer comprendemos las ideas de los objetos y las necesidades que nos hacemos en torno a ellos,  de esta manera creamos bajo la idea de consumo, como lo dice Sudjic (2008)  “los fetiches” hacia objetos posiblemente innecesarios en nuestra cotidianidad.

Son estas experiencias y respuestas emocionales, las que al nos atrapan para generarnos “objetos de deseo” que creemos hacernos solos, viéndonos así manipulados por el diseño, que como afirma el autor en el texto, (Sudjic,2008,P.)  “el uso en exceso del termino ha transformado el significado de diseñador a “cínico y manipulador””. Contrario a lo que este dice, en este caso, ¿no todas las profesiones buscarían lo mismo? en el momento en que un medio hace más llamativo su primera página para que el comprador sea acaparado, o cuando un abogado busca a toda costa ganar un juicio, ¿no estarían manipulando?  No considero pues, que estas sean las palabras que definen el puesto de diseñador y mucho menos las de un comunicador o abogado, aunque a pesar de esto, es cierto que todos convierten al hombre en una mercancía, de una u otra manera,  pero es que esa es la  base de la doctrina que nos rige.

 Lo importante es distinguir que los diseñadores buscan transgredir el lenguaje original y llevarlo a aquello que nos seduce, muchas veces siendo estos deseos los mismos sueños del diseñador, que tiene la capacidad según Jack Derrida (-) de “destruir el lenguaje y reconstruirlo bajo sus parámetros”, como era el caso de Stark. Claramente este no siempre es así y muchas veces son los diseños sepultados no por nuevos modelos sino por una categoría totalmente nueva, aunque en la actualidad nada es así. Vivimos en una mundo donde los ciclos de vida de una producto son cada vez más cortos y entramos a lo que se conoce como obsolescencia programada, es entonces cuando las facilidades de producción y la creación de objetos masivamente no solo se vuelve una responsabilidad sino un buen negocio ¿no es así?, pensemos que la mayoría de los celulares móviles que poseemos no tienen una vida mayor a la de 3 años y, así la tuviese los mismo deseos y emociones creadas para nosotros, nos haría de una u otra manera buscar la forma de deseársenos de él, convirtiéndonos en seres superficiales que buscan seguir la corriente a todo aquello que va delante de nosotros, sean nuestros hijos con sus aparatos cada día más modernos o los propios compañeros de trabajo, o nuestro hermano o el mundo.

Es ahí donde no solo nos vemos involucrados en los sistemas de consumo sino que al mismo tiempo nos vamos adentrando a la moda, que claro está no solo es en cuanto a las prendas que utilizamos, sino desde el televisor que hay en nuestras casa, hasta las sillas de las mismas. El autor no solo reconoce la  moda como “el reino de la frivolidad sino también como  el paraíso de los absurdo” (Sudjic, 2008, P.) y de allí que “En moda, cuando un indicador se convierte en obvio su significado inevitablemente se invierte. Lo malo se hace bueno. Lo escaso, ubicuo”(Sudjic, 2008, P.).  Cuando la moda es capaz de sobrevivir las consecuencias de transformación, son cada vez mayores las formas de interpretar aquello a nuestro alrededor, hasta el arte, entonces es permeado por la moda, ya que en una sociedad como la nuestra es claro que las ansias de novedad no son fáciles de saciar, así pues es evidente  que la moda no va a perder su seducción.

 Es esto mismo, la que ha transformado las pasarelas, donde es claro que el fin de estas es “dar lustre a la marca” (Sudjic,2008,P.), es así que la industria no solo puede dejar de lado el mismo producto que han generado, sino que toma ante las cámaras la presencia de personalidades famosas con el objetivo de dar un status a la misma marca.  En aquel momento, se puede  hablar de lujo y se da  todo una correlación casi inseparable. Es el lujo el que de alguna manera nos hace fantasear sobre los objetos que deseamos poseer, con su envoltura y con su esencia, que es pues todo el objeto en sí, su color, forma, textura, aquello que nos excita del mismo.

Es así como el diseño y la moda se convierten en el ADN de una ideología industria, con todo su trabajo, color, y vinculó de lo que somos, es esta la base para comprender que son el lenguaje de una sociedad que por medio de los objetos refleja sus objetivos y valores.

Referencia:

Deyen Sudjic. (2008). the lenguaje of things . Allen Lane: Tuner Noema.

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Por: María Alejandra Calle Villarreal.

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